lunes, 28 de noviembre de 2011

Desquilibrio




Amy se había dibujado aquella mañana como había podido. 

Antes de que su  lápiz de pintura la volviera a dibujar Amy era una mezcla de sonidos electrónicos, luces nocturnas, una sensación acuática extraña, velocidad extrema en su sangre donde andaba escondida como siempre su voz infinita… 

La materia y la antimateria destruyéndose al tocarse. 

Dibujarse y de repente sentir todo el peso de un cuerpo mordido, herido. 

Pero Amy prefirió no seguir dibujando la realidad de la habitación, y cogió rápidamente de la oscuridad de ese universo algo: unos pantalones, una camiseta y un abrigo y salió a la luz por la primera ventana que encontró.

Los paparazzi habían volado de su portal pero habian dejado ese rastro de nada de todos los dias. Eso eran para Amy: nada.

Amy se paró a dibujar algo en la acera. Una canción. El jazz improvisaba la calle: un taxi, un niño con una pelota y una camiseta del Arsenal, un soldado intentando olvidar la guerra de Irak con la vista perdida en el cristal de su ventana…

Londres con su mañana gris jugaba su guerra contra el mundo, a probar que no existía ningún lugar más que el microuniverso que representaba la city. Empezó a llover.

Amy pensó en ese instante que desde luego si el mundo lo inventará un pájaro con un par de colores bonitos no usaría los mismos adjetivos que nosotros. Parece ser verdad que los pájaros tienen que tener sus propios adjetivos... 

Echar un vuelo y ver como todas la economías del mundo se desploman. La economía va mal y eso se debe a los vuelos de los pájaros con un par de colores bonitos.

Amy seguía dibujando Londres. Corrió por la calle y de repente se llevó la mano al bolsillo y se dio cuenta de que la había perdido. Debía haber sido la noche anterior cuando en cualquier baño se dejó olvidado eso: El poquito más de materia que de antimateria al que se debe que exista ahora todo lo que existe: estrellas, planetas y seres vivos. 

Amy llevaba ese poquito más de materia en sus bolsillos junto a un paquete de cigarrillos, un papel con tres frases que servirían para hacer una canción, y un móvil con un sólo número en la agenda: el de su marido…

“Acabo de perder el universo”-pensó Amy.

Amy corrió a coger el autobús rojo para no llegar tarde a la siguiente noche, canturreando, e intentando deshacerse de tan tonta resaca. 

A la mañana siguiente ningún paparazzi escribiría que Amy es parte de esa asimetría necesaria para que funcione el universo.


Amy Winehouse Lioness: Hidden Treasures se pública el 5 de Diciembre. Y aunque es sólo un cd de Warner pensado para las navidades, es una suerte poder escuchar algunas maravillosas rarezas de Amy.
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